Entonces Josué dio la siguiente orden a los jefes del pueblo: «Vayan por todo el campamento y díganle al pueblo que prepare provisiones, porque dentro de tres días cruzará el río Jordán para tomar posesión del territorio que Dios el Señor le da como herencia.» (Lectura Biblica: Josué 1:10,11)
Entre sus enemigos y ellos sólo estaba el río Jordán. Una vez que hubieran puesto un pie al otro lado del río ya serían invasores, ya no podrían retroceder, era pelear y conquistar la tierra prometida o morir. Pero este era el territorio que Dios el Señor les daba a los patriarcas; desde Abraham hasta Moisés Dios les había dicho: “Les daré” pero ahora que había llegado el tiempo del cumplimiento de la promesa dice Josué: “Dios el Señor les da” (v. 11) la tierra. Aunque todavía no la habían conquistado, ya era suya como si la tuvieran en sus manos. Esta nueva etapa en su historia ponía fin a cuarenta años de vida en el desierto, y más de 400 años desde que Jacob dejó la tierra de Canaán, (Hechos 7:6-15). Sin duda era un momento laaaaaaaaargamente esperado.
Josué puso plazo un plazo de tres días para lanzarse a la conquista. El conteo regresivo se había iniciado, tres, dos, uno....y pronto la nube que estaba sobre ellos y que les indicaba cuándo caminar y cuándo descansar, se alzaría y movería. Esto indicaba hacer los preparativos propios de una mudanza, levantar el campamento, hacer maletas, preparar provisiones para el último trecho, sacar filo a las espadas, orar y tranquilizar a las familias.
Todos pasamos por momentos decisivos como éstos, que nos exigen alta concentración. Levantamos la mirada hacia el objetivo, los niveles de adrenalina suben, y el corazón palpita más fuerte, la mente y el cuerpo se preparan para la acción. Esta es la hora de la verdad y debemos de pasar de soñar a actuar, de planificar a hacer, de pedir en oración a recibir por fe.
Esto no significa que no tienes miedo. Sabes lo que tienes que hacer pero avanzas en contra del miedo. Recuerda que valentía no es: “no tener miedo”. Tampoco quiere decir que tienes mucha fe. Al contrario, casi no puedes sentirla. ¿Y qué pasa cuándo sé lo que tengo que hacer pero no tengo fe?” Lo haces de todos modos. Es lo que hizo ese pueblo temeroso:
“y cuando los que llevaban el arca entraron en el Jordán, en cuanto los pies de los sacerdotes se mojaron en la orilla del agua (el Jordán se llena hasta sus bordes todo el tiempo de la siega), las aguas que venían de arriba se detuvieron como en un embalse, muy lejos de Adam, ciudad contigua a Saretán. Entonces las aguas que descendían al mar del Arabá, es decir, al mar Salado, se cortaron por completo. De este modo el pueblo cruzó frente a Jericó.”
Josué 3:15-16 (RVR)
Nota que el milagro vino después que dieron el paso. Dios no hace el milagro primero, sino espera que des un paso adelante, y luego volvió el agua al río y no había marcha atrás.
Es hora que inicies el conteo regresivo, hora que atravieses el río Jordán. ¿Cuál es tu río Jordán? ¿Cuál es la barrera que tú crees que nunca vas a superar? ¿Cuál es el paso que has estado postergando?...Tres, dos, uno...
Entre sus enemigos y ellos sólo estaba el río Jordán. Una vez que hubieran puesto un pie al otro lado del río ya serían invasores, ya no podrían retroceder, era pelear y conquistar la tierra prometida o morir. Pero este era el territorio que Dios el Señor les daba a los patriarcas; desde Abraham hasta Moisés Dios les había dicho: “Les daré” pero ahora que había llegado el tiempo del cumplimiento de la promesa dice Josué: “Dios el Señor les da” (v. 11) la tierra. Aunque todavía no la habían conquistado, ya era suya como si la tuvieran en sus manos. Esta nueva etapa en su historia ponía fin a cuarenta años de vida en el desierto, y más de 400 años desde que Jacob dejó la tierra de Canaán, (Hechos 7:6-15). Sin duda era un momento laaaaaaaaargamente esperado.
Josué puso plazo un plazo de tres días para lanzarse a la conquista. El conteo regresivo se había iniciado, tres, dos, uno....y pronto la nube que estaba sobre ellos y que les indicaba cuándo caminar y cuándo descansar, se alzaría y movería. Esto indicaba hacer los preparativos propios de una mudanza, levantar el campamento, hacer maletas, preparar provisiones para el último trecho, sacar filo a las espadas, orar y tranquilizar a las familias.
Todos pasamos por momentos decisivos como éstos, que nos exigen alta concentración. Levantamos la mirada hacia el objetivo, los niveles de adrenalina suben, y el corazón palpita más fuerte, la mente y el cuerpo se preparan para la acción. Esta es la hora de la verdad y debemos de pasar de soñar a actuar, de planificar a hacer, de pedir en oración a recibir por fe.
Esto no significa que no tienes miedo. Sabes lo que tienes que hacer pero avanzas en contra del miedo. Recuerda que valentía no es: “no tener miedo”. Tampoco quiere decir que tienes mucha fe. Al contrario, casi no puedes sentirla. ¿Y qué pasa cuándo sé lo que tengo que hacer pero no tengo fe?” Lo haces de todos modos. Es lo que hizo ese pueblo temeroso:
“y cuando los que llevaban el arca entraron en el Jordán, en cuanto los pies de los sacerdotes se mojaron en la orilla del agua (el Jordán se llena hasta sus bordes todo el tiempo de la siega), las aguas que venían de arriba se detuvieron como en un embalse, muy lejos de Adam, ciudad contigua a Saretán. Entonces las aguas que descendían al mar del Arabá, es decir, al mar Salado, se cortaron por completo. De este modo el pueblo cruzó frente a Jericó.”
Josué 3:15-16 (RVR)
Nota que el milagro vino después que dieron el paso. Dios no hace el milagro primero, sino espera que des un paso adelante, y luego volvió el agua al río y no había marcha atrás.
Es hora que inicies el conteo regresivo, hora que atravieses el río Jordán. ¿Cuál es tu río Jordán? ¿Cuál es la barrera que tú crees que nunca vas a superar? ¿Cuál es el paso que has estado postergando?...Tres, dos, uno...

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