lunes, 4 de agosto de 2008

Devocional 18 (40 Días de Fe) - Probados al Extremo


“Y Moisés dijo al pueblo: No temáis; estad firmes, y ved la salvación que Jehová
hará hoy con vosotros; porque los egipcios que hoy habéis visto, nunca más
para siempre los veréis. Jehová pelará por vosotros, y vosotros estaréis tranquilos.
...Entonces Jehová dijo a Moisés... Dile a los hijos de Israel que marchen.
Y tú alza tu vara, y extiende tu mano sobre el mar, y divídelo, y entren
los hijos de Israel por en medio del mar en seco”. Lectura Bíblica: Éxodo. 14:13 - 16

Una vez alguien visitó el cuarto de prueba de una fábrica de acero y se dio cuenta que el acero había sido probado hasta lo extremo para averiguar su capacidad y dureza. Algunas piezas habían sido retorcidas hasta ser partidas, otras habían sido estiradas hasta el punto de rotura, otras habían sido comprimidas hasta quebrarse. El maestro de esta fábrica de acero sabía exactamente lo que cada una de estas piezas de acero podría sobrellevar bajo la presión.

Me imagino que al pueblo Israel debió parecerle recontra estresante la situación: Por el frente el mar embravecido, y a la derecha e izquierda las alturas rocosas que les quitaba toda esperanza de escape. Atrás de ellos, un faraón furioso con su caballería dispuestos a despedazarlos... En eso, en medio de esa tensión, se oyó un grito: “¡Los egipcios están encima de nosotros!”. ¿Cómo te hubieras sentido tú de estar ahí? ¿Qué le hubieras reclamado a Dios? ¿Qué le hubieras dicho a Moisés?

Cuando las cosas sólo parecían empeorar se escucha algo así como un estruendo de una ola, en eso, te paras sobre una piedra para poder ver y te das cuenta que el mar se abrió en dos y hay un camino seco en medio. Moisés tomó la determinación de decirle al pueblo “arriésguense, pasen el mar”; y así lo hicieron toda la noche hasta que el último de los israelitas puso su pie en la otra parte de la costa. Recuerda, no había otra opción: confiar en el Señor o morir.

Dios quiere que seamos parecidos a las piezas de acero endurecidas, capaces de soportar los retorcimientos y opresiones hasta el límite que El sabe que podemos resistir. Dios no nos va a dejar ser probados más allá de ese límite. El no quiere que seamos plantas de invernadero que fácilmente pueden ser sacadas de lugar, sino árboles grandes cimentados en Él; ni tampoco dunas de arena llevadas por cualquier soplo de aire, sino rocas que resistan las tormentas. Para moldearnos de esta forma, El necesita llevarnos a Su habitación de prueba de nuestra fe. Muchas veces el sufrimiento por la condición de tu familia, por tu condición económica, por tu problema de carácter o por aquello que no te gusta de tu imagen es la habitación de pruebas de fe de Dios.

Recuerda, si Dios me guía, El conoce el camino y si me fe no se prueba, no es fe.

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