“Un ángel del Señor habló a Felipe, diciendo: Levántate y ve hacia el sur, al camino que desciende de Jerusalén a Gaza. (Este es un camino desierto.) El se levantó y fue; y he aquí, había un eunuco etíope, alto oficial de Candace, reina de los etíopes, el cual estaba encargado de todos sus tesoros, y había venido a Jerusalén para adorar”. Lectura Bíblica: Hechos. 8:26-27
Cuando leemos en la Biblia la historia de un hombre llamado Felipe que amaba predicar de Cristo a los no creyentes; nos sorprende sobre todo enterarnos que se encontraba predicando en Samaria y que mucha gente se convertía a Cristo y su nombre ya era muy conocido en esa ciudad; se podría decir que era “famoso” ; sin embargo un día Dios le pidió que dejara Samaria y fuera a un desierto, donde Felipe podría haber dicho: “¿Pero Dios si acá mucha gente está tomando su decisión por Cristo, como quieres que vaya a un desierto donde quizá no haya nadie?”
Pero qué hizo Felipe, sencillamente estuvo dispuesto a dejar su “fama” dejando Samaria para dirigirse al desierto. Si estuvieras en una competencia de 400 metros planos y vas en la punta y estás a 20 metros de la meta y el que te sigue se encuentra a 30 metros de ti y todo el mundo está que grita tu nombre y los periódicos se preparan para anunciar al nuevo campeón y Dios te pide que abandones la competencia. ¿Lo harías por obediencia a Dios?
Felipe obedeció por que tenía la certeza que Dios lo enviaba y no le importó dejar una ciudad donde era conocido y “famoso” como el evangelista, ya que Felipe sabía que hay mayor felicidad en obedecer a Dios que desobedecer. ¿Recuerdas algún mandamiento de la Biblia, por lo cual Dios te está demandando obediencia?
La obediencia a nuestros padres, a nuestros maestros, pastores y autoridades es la clave para obtener buena opinión ante los ojos de los hombres, pero la obediencia a Dios es la clave para la verdadera felicidad y éxito que tu y yo anhelamos en nuestra vida. La demostración del amor a Dios de tu parte es la obediencia a la Palabra de Dios.
viernes, 22 de agosto de 2008
Devocional 37 (40 Días de Fe) - Siguiendo órdenes
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Devocionales
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