viernes, 22 de agosto de 2008

Devocional 38 (40 Días de Fe) - Acercándonos a los amigos de Dios

Había en Cesarea un hombre llamado Cornelio, centurión de la cohorte (unidad militar Romana) llamada la Italiana, piadoso y temeroso de Dios con toda su casa, que daba muchas limosnas al pueblo Judío y oraba a Dios continuamente. Como a la hora novena (3 p.m.), vio claramente en una visión a un ángel de Dios que entraba a donde él estaba y le decía: "Cornelio." Mirándolo fijamente y atemorizado, Cornelio dijo: "¿Qué quieres, Señor?" Y el ángel le dijo: "Tus oraciones y limosnas han ascendido como memorial delante de Dios. "Envía ahora algunos hombres a Jope, y manda traer a un hombre llamado Simón, que también se llama Pedro. Este se hospeda con un curtidor llamado Simón, cuya casa está junto al mar." Después que se había ido el ángel que le hablaba, Cornelio llamó a dos de los criados y a un soldado piadoso de los que constantemente le servían. Después de explicarles todo, los envió a Jope. Al día siguiente, mientras ellos iban por el camino y se acercaban a la ciudad, Pedro subió a la azotea a orar como al mediodía. Tuvo hambre y deseaba comer; pero mientras le preparaban algo de comer, le sobrevino un éxtasis. Vio el cielo abierto y un objeto semejante a un gran lienzo que descendía, bajado a la tierra por las cuatro puntas. Había en él toda clase de cuadrúpedos y reptiles de la tierra, y aves del cielo. Y oyó una voz: "Levántate, Pedro, mata y come." Pero Pedro dijo: "De ninguna manera, Señor, porque yo jamás he comido nada impuro o inmundo." De nuevo, por segunda vez, llegó a él una voz: "Lo que Dios ha limpiado, no lo llames tú impuro." Esto sucedió tres veces, e inmediatamente el lienzo fue recogido al cielo. Mientras Pedro estaba perplejo pensando en lo que significaría la visión que había visto, en ese momento los hombres que habían sido enviados por Cornelio, después de haber preguntado por la casa de Simón, se aparecieron a la puerta. Y llamando, preguntaron si allí se hospedaba Simón, el que también se llamaba Pedro. Mientras Pedro meditaba sobre la visión, el Espíritu le dijo: "Mira, tres hombres te buscan. "Levántate, pues, desciende y no dudes en acompañarlos, porque Yo los he enviado." Lectura Bíblica: Hechos 10:1-20


Si Dios nos pidiera hacer una lista de los que quisiéramos que sean salvos ¿Incluiríamos en la lista a nuestros enemigos? Probablemente no pondríamos los nombres de algunas personas que él sí quisiera salvar. Dios ama a todos sin excepción, aún a ti y a mi que éramos sus enemigos.

Es notorio el gran amor de Dios por todas las personas, ya que en su plan de salvación eligió a Israel como el medio para mostrar su poder y amor; sin embargo el pueblo de Israel se enorgulleció y empezaron a despreciar a quienes no fueran de su pueblo.

Pedro no fue diferente a sus compatriotas. Aún tenía que descubrir cuánto Dios amaba a los hombres, inclusive a los romanos, aquel grupo tan cruel y tirano que esclavizó a Israel. Los milagros y el obrar increíble de Dios estaban convirtiéndose en algo cotidiano para él, sin embargo éste milagro de amor lo asombraría de forma especial.

¿Quieres tú también conocer más de Dios? Entonces será necesario que te dispongas a romper tus esquemas mentales y empieces a mirar a las personas como los ve Dios. Para Pedro fue duro entrar a la casa de un gentil, sin embargo empezó a romper sus viejos moldes cuando Dios le propuso que se alimentara de animales que eran prohibidos comer en el Antiguo Testamento, Pedro replicó: -“¡Oh, no! Jamás lo hice, ni lo haré.”



¿Qué habrías pensado tú, si Dios te pide que vayas a casa de una persona que te haya hecho daño para compartirles el evangelio? Sin embargó Pedro buscó la dirección de Dios y tuvo paz en su corazón, cuando descubrió que no debía despreciar a ningún gentil. (Hechos 10:15).

Mientras Pedro había descalificado al soldado romano por el prejuicio de la raza, Dios veía a un hombre necesitado, a un hombre valioso antes que una raza o cualquier otro prejuicio.

Si hemos de seguir a Dios en todo, descubriremos que Dios irá rompiendo nuestros moldes estrechos y egoístas para darnos un corazón semejante al de Él, entonces es allí que necesitamos dar ese primer paso de fe, para desprendernos de prejuicios y abrazar a quienes Dios recibe por hijos.

¿Qué sacrificarías de lo tuyo por hacer su voluntad hoy?

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