jueves, 19 de febrero de 2009

Reconstruyendo la autoestima:

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Reconstruyendo la autoestima:
Es temprano en la mañana, Juan se siente feliz porque sus padres lo acaban de felicitar, ha traido muy buenas notas del colegio.
Es la tarde en casa de Alfredo, él está feliz y le cuenta a su esposa que lo han felicitado en el trabajo
Es la noche del Sábado, Lucas está entusiasmado con sus amigos, ellos se rien de sus bromas y les encanta su compañía.
Los tres están viviendo días felices, aceptación y autoestima alta, los tres comienzan a soñar en nuevos planes, la euforia de la emoción los impulsa a la actividad, suben el tono de su voz, defienden más sus ideas, caminan con la mirada arriba y el alma grita de alegría y los jala hacia adelante como si quisiera adelantarse a sus movimientos.
Al día siguiente, a Juan sus padres le llaman la atencion, acaban de tener una discución y no están para soportar que esté poniendo la música tan alto, le gritan, lo silencian, le dicen los famosos: "siempre has..." o "nunca has..."
A Alfredo su jefe le llamó la atención y le recuerda sobre la felicitación de ayer que una golondrina no hace el verano.
A Lucas sus amigos lo agarran de punto y se burlan de él toda la noche, el se ríe pero en el fondo quiere irse rápido de ahí.
Los tres están al día siguiente desmotivados, callados, arrastran el alma.
El como te sientes cada día contigo mismo a veces dependen de factores tan inestables como un alfiler parado de punta sobre una canica. Y estos factores muchas veces son las personas y como reaccionan ante nuestras acciones. Por ejemplo: Cuando estamos en el seno del hogar, nuestra imagen personal es fuertemente influenciada a partir de la opinión que sobre nosotros tienen nuestros padres, en la adolescencia, a partir de lo que piensan sobre nosotros nuestros amigos, en el matrimonio a partir de lo que piensa nuestra esposa y en el trabajo nuestros Jefes, pero siempre es muy influenciada por otros... ¿y qué si la opinión de nosotros mismos depende más de Dios que de los demás?.
La diferencia entre: que nuestra imagen personal dependa de otros y que dependa de Dios es como pararte sobre las piedras resbalosas de la ribera de un río o pararte sobre una enorme roca inconmovible.
El otro día estaba con mi hijo en brazos, cruzando un río, tenía la toalla envuelta en el torso y buscaba piedras estables, el peso de mi hijo presionaba la suela de mis pies, necesitaba piedras sólidas, como luces en el piso de un cine en plena función, se asomaban las partes secas, rugosas, polvorientas de unas piedras, estas muy mazoquistas casi parecía que me invitaban a pisarlas: aquí, aquí, pisa aquí... yo les respondía en mi interior: nó, estás muy lejos, no estás muy pequeña, no estás muy puntiaguda... mantenía una conversación imaginaria con la multitud de piedras en el río. Una de ellas me pareció la adecuada, era seca y rugosa, pero era muy chica, estiré mi pie y la piedra hizo un movimiento de cintura hacia el costado y me esquivó gritando: ¡Ole!, así que mi pie impetuoso que no se da con rodeos, fue hasta el fondo del asunto y quedé con la mitad de mi pie bajo el agua, fue entonces cuando el punto de equilibrio protestó y se quizo ir hacia atrás, tuve que poner el otro pie y comencé una danza media extraña mientras me mojaba los pies y resbalaba una y otra ves, no sé que otras piedras pisé, ni como las pisé, caminé casi sin ver hasta llegar a una roca inmensa donde dejé a mi hijo sentado. Casi pude escuchar a las piedritas riendose de mí. Y yo quedé humillado y mojado. Squash, squash decían mis pies todo el camino de regreso a casa burlándose.
Así también, hay días que caminamos sobre piedras resbaladizas y recibimos burlas, rechazo, reproches hasta que terminamos en el fondo del río.
Cuando los hombres u otros factores se vuelven piedras resbaladizas y estás buscando algúna piedra donde poner el pie, no hay roca más sólida que ver a Cristo crucificado, ver la cruz, y al hijo de Dios en la cruz crucificado por amor a nosotros. ¿Quién delante de la cruz de Cristo podría decir: "no tengo valor, o no soy apreciado?, nada mejor que ver el sacrificio de la cruz para ver cuanto valemos, y el derroche de precio y valor que se hizo por nosotros es sobrecogedor, es entonces que la plena convicción de que un hijo de Dios ha sido comprado por precio, y el intento de dimensionar el precio pagado; se transforma en la roca más sólida sobre la cual podemos construir nuestra imagen.
Querido joven, ¿has sido rechazado ultimamente?, ¿has sufrido alguna desilusión sobre ti mismo?. Si tienes que reconstruir denuevo la imagen que tenías de ti, te invito a poner el primer ladrillo aquí. En la Cruz de Cristo.

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